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Monasterio de la Ascensión de Nuestro Señor: donde el cielo se eleva desde Lerma

Entre los muros de esta villa barroca y ducal se oculta un convento donde la historia, la fe y el arte se funden con la serenidad del tiempo. Aquí no sólo habitaron monjas: también se bautizó una hija del rey, se esculpieron Cristos de mármol viviente y aún hoy, siglos después, sigue latiendo el misterio de la Virgen dormida.
Monasterio de la Ascensión de Lerma, el convento más antiguo de la villa, Burgos
Monasterio de la Ascensión de Lerma, el convento más antiguo de la villa, Burgos Los Arcos
Monasterio de la Ascensión de Lerma, el convento más antiguo de la villa, Burgos
Monasterio de la Ascensión de Lerma, el convento más antiguo de la villa, Burgos
Infanta Margarita Francisca

Silencio, nobleza y piedra

Te encuentras ante el monasterio más antiguo de Lerma, fundado entre 1604 y 1610. Aunque el Duque de Lerma impulsó muchas obras, este convento fue iniciativa de su hijo, don Cristóbal Gómez de Sandoval y Rojas, y su esposa doña Mariana de Padilla, que ofrecieron unas casas y bienes para acoger a las monjas franciscanas clarisas, que ya vivían aquí antes incluso de que empezaran las obras. La iglesia, de planta de cruz latina, destaca por su sobriedad. El retablo principal representa la Ascensión, tema que da nombre al monasterio. Bajo el crucero, una bóveda rebajada muestra los escudos de los fundadores. A los lados, cuelgan lienzos del italiano-español Bartolomé Carducho, pintor de cámara del rey. Una cripta funeraria funcionó hasta 1891. Y el 10 de junio de 1610 fue bautizada aquí la infanta Margarita Francisca, hija del rey Felipe III y la reina Margarita de Austria. Esta princesa real ingresaría después en la vida religiosa, en Viena.

Fe sin concesiones

En pleno auge de la Contrarreforma, conventos como éste no eran solo centros de oración, sino auténticas fortalezas espirituales del catolicismo. La clausura femenina se cumplía con rigor: rejas, votos, silencio y obediencia. Pero dentro de sus muros se tejía una red espiritual y cultural rica, discreta y constante. El espíritu sigue vivo hoy bajo otro nombre: Iesu Communio, comunidad nacida del mismo convento, que desde 2010 habita en La Aguilera (Aranda de Duero). El Papa Benedicto XVI concedió a esta comunidad el privilegio de funcionar en dos sedes distintas bajo una sola abadesa, un caso único en el mundo. Su carisma actual se centra en la evangelización de los jóvenes, pero mantienen el ritmo de vida contemplativa, heredera directa de las clarisas.

La Virgen que duerme

Cada agosto, en la primera quincena, el convento expone una imagen excepcional: la Virgen de la Cama. No es una representación de la muerte, sino del tránsito de María hacia la gloria, dormida y serena, en postura casi humana, casi celestial. Esta imagen sustituye temporalmente al Cristo Yacente, y se venera con una novena solemne que aún hoy mantiene la tradición, aunque con menor concurrencia. Su delicadeza, casi onírica, conmueve a quien la contempla. No hay muchas imágenes como ésta en Castilla.

Damas entre muros

El monasterio fue, como tantos otros, una vía de destino para mujeres nobles. Aquí encontraban formación, retiro y cierto grado de influencia espiritual. Las dotes familiares garantizaban su sustento, y el convento se convertía en espacio de estabilidad femenina en una sociedad que ofrecía pocas salidas a las mujeres. A diferencia de hoy, donde una joven puede aspirar a una carrera política, científica o artística, en el siglo XVII el retiro conventual era una de las pocas formas legítimas de desarrollo personal y espiritual para las damas de linaje.

Riqueza, rentas y dulces

Este monasterio se sostuvo gracias a rentas, tierras donadas y dotes nobiliarias. La economía conventual era autosuficiente, pero dependía de los patronos: en este caso, la familia ducal. Los bienes se administraban con meticulosidad, incluyendo viñas, huertas o censos rurales. Para que te hagas una idea: en 1610, un jornalero ganaba entre 3 y 4 reales diarios. Un traje costaba unos 30 reales, un par de zapatos, 8, y una gallina, 2 reales. Hoy, una caja de dulces elaborada por las religiosas de Iesu Communio cuesta en torno a 8 euros, equivalente a una semana de jornal entonces. El torno del convento, donde se adquieren estos dulces, es el último testigo de esa economía monástica viva.

Un inglés escribe sombras

Mientras Carducho pintaba lienzos para esta iglesia y Gregorio Fernández esculpía en Valladolid, en Londres William Shakespeare estrenaba tragedias inmortales. Entre 1604 y 1610 escribe Macbeth, El rey Lear y La tempestad. Dos mundos distintos, pero coetáneos. Ambos respiraban el mismo aire barroco: el del poder, la caída y la muerte. Aquí, en formas sagradas; allá, en teatros populares. Shakespeare nunca pisó Lerma, pero si lo hubiera hecho, habría encontrado material para cinco tragedias en cada pasillo del palacio y del convento.

Es un instituto religioso femenino de derecho pontificio aprobado por la Sede Apostólica el 8 de diciembre de 2010
¿Lo sabías?
El bautizo de Margarita Francisca en Lerma no fue solo un acto religioso: el Duque lo convirtió en una demostración de poder, reuniendo a nobles y embajadores para exhibir su influencia ante la Corte.
Dote millonaria
En tiempos del Duque, la dote para entrar en un convento noble podía superar los 1.000 ducados, equivalente a varias casas en la villa. Algunas familias se endeudaban solo para asegurar un lugar prestigioso para sus hijas.