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Palacio Ducal, Parador de turismo

El Palacio Ducal de Lerma no solo fue símbolo del poder y la astucia del Duque de Lerma, sino también un testigo de la opulencia del Siglo de Oro. Desde sus majestuosas fiestas hasta su decadencia y restauración, su historia refleja los altibajos de su tiempo y del propio duque.

Cuando el Duque de Lerma decidió transformar la villa de Lerma en un epicentro del poder cortesano, no escatimó en recursos. Su Palacio Ducal, erigido sobre los cimientos de un antiguo castillo medieval, debía ser un reflejo de su influencia. Diseñado por Francisco de Mora, uno de los máximos exponentes del estilo herreriano, las obras comenzaron en 1601 y finalizaron en 1617, convirtiendo el edificio en una residencia digna no solo del duque y su esposa, Catalina de la Cerda, sino también del mismísimo Felipe III, quien lo visitaba con frecuencia.

Las celebraciones en el palacio eran legendarias.

Se dice que en una de sus fastuosas fiestas, la comida se sirvió en vajillas de oro y plata que, al finalizar el banquete, eran arrojadas al río Arlanza para demostrar el derroche y la magnanimidad del anfitrión. Claro que, lo que no se mencionaba abiertamente, es que había buceadores preparados para recuperarlas discretamente después. Este tipo de ostentación era común en la corte de los Austrias, donde la imagen lo era todo.

El palacio se construyó siguiendo el modelo de los palacios castellanos, con un enorme patio central rodeado de grandes columnas y 210 balcones junto a 135 ventanales, reflejo de la arquitectura herreriana que dominaba la época. Pero lo más llamativo eran sus cuatro torreones, que según la leyenda, el duque mandó edificar para imitar la estructura del Escorial y recordar que su poder rivalizaba con el del propio monarca.

La vida en Lerma durante el Siglo de Oro era muy distinta a la actual. Mientras que hoy en día un kilo de pan ronda los 1,50 euros, en la época del duque costaba aproximadamente 4 maravedíes, aunque con constantes subidas por crisis de abastecimiento. Para ponerlo en contexto, un jornalero apenas ganaba 34 maravedíes al día, lo que hacía que buena parte de su sueldo se destinara a pan y productos básicos. En contraste, el duque amasó una fortuna incalculable, aprovechándose de su cercanía con el rey y de los turbios negocios de venta de cargos y favores.

Tras su caída en desgracia, el palacio pasó por una lenta decadencia. Durante la ocupación napoleónica, las tropas francesas lo utilizaron como cuartel general, y en su retirada lo incendiaron, destruyendo sus cuatro chapiteles característicos. En los siglos siguientes, el edificio tuvo usos menos gloriosos: desde almacén de grano hasta refugio improvisado. No fue hasta que el edificio cambió de manos a finales del siglo XX —en una operación simbólica cifrada en una peseta— cuando pudo afrontarse su recuperación definitiva. La restauración del antiguo Palacio Ducal supuso una inversión de 13,1 millones de euros y culminó con su apertura como Parador de Turismo en 2003.

Las tropas francesas lo utilizaron como cuartel general, y en su retirada lo incendiaron,

Hoy, el Palacio Ducal de Lerma sigue en pie como testimonio de una época de esplendor y decadencia, donde el poder y la imagen lo eran todo, y donde un duque pudo controlar a un rey... hasta que las intrigas de la corte le pasaron factura.

¿Lo sabías?
En 1997, Banesto entregó el Palacio Ducal de Lerma a Paradores por la simbólica suma de una peseta, gesto que permitió rescatar y dar nueva vida a esta joya histórica.
+200
Todo el Palacio estaba compuesto por 210 balcones de hierro y 135 ventanas entre buhardas y rejas.